La convergencia es el futuro: el smartphone como PC de sobremesa

Mark Shuttleworth, el creador de Ubuntu y de Canonical, lo tiene claro. Tu smartphone será tu próximo PC. Hace meses que desveló su intención de llevar Ubuntu a smartphones y tablets, y ese esfuerzo ha tenido especial impacto tras la campaña de financiación colectiva del Ubuntu Edge.
La campaña, no obstante, no consiguió su objetivo económico. Ese smartphone no verá la luz —al menos, no tal y como lo concibieron inicialmente— pero puso de manifiesto un hecho prometedor: el de que la convergencia es posible. El de que el smartphone y el PC pueden (¿deben?) unirse. 

El principio



Los pasillos del CES de 2011 estaban repletos de novedades de diversas empresas tecnológicas, pero puede que una de ellas, sin saberlo, tuviera en sus manos la llave del futuro. Esa empresa se llamaba Motorola, y su solución, el Motorola Altrix, probablemente se adelantó a su tiempo.

Motorola Altrix
Aquel móvil era quizás demasiado ambicioso. Basado en el SoC NVIDIA Tegra 2 con una CPU dual-core —lo más en aquella época, aunque ahora lo consideremos como una solución hardware móvil muy limitada—, el Motorola Altrix no obstante fue comercializado como un smartphone destinado a convertirse en un PC o portátil.
Para ello el Altrix hacía uso de accesorios en forma de docks, que aportaban puertos de expansión y sobre todo permitían conectar el smartphone a un monitor convencional o a incluso a un portátil que se nutría de la potencia hardware y software del terminal, en un concepto que luego sería explotado por ASUS y sus Padfone.
Pero el mundo no estaba preparado para aquel concepto. El Altrix no cuajó, y no lo hizo porque era un dispositivo demasiado limitado en recursos. El análisis que hicimos en Xataka —con cuatro largos capítulos(1, 2, 3 y 4)— así lo confirmaba. La idea era fantástica. Su implementación, no tanto.

Y llegó Ubuntu for Android

En Canonical probablemente llevaban tiempo mascando la idea. El impacto de los netbooks sirvió como plataforma experimental para Unity, una interfaz que introdujeron en su Ubuntu Netbook Edition (también conocida como Ubuntu Netbook Remix) y que llegaría en mayo de 2010 —lo anunciaba Mark Shuttleworth— orientada inicialmente a ese tipo de máquinas.
Ubuntu for Android
Pero la idea sufriría una transformación crítica. La revolución comenzaría en Ubuntu 11.04 Natty Narwhal, una distribución que por primera vez haría uso de la interfaz Unity —que teóricamente se había reservado a netbooks— en lugar de GNOME Shell. Aquella decisión fue muy criticada por los ubunteros más conservadores, pero tiempo después todo iba cobrando sentido.
Unity no era una interfaz al uso. Para empezar, el Dock/Lanzador se situaba en la parte izquierda en lugar de la tradicional parte inferior, pero en Canonical también querían favorecer la ejecución de aplicaciones maximizadas (filosofía muy tablet y desde luego, totalmente smartphone).
Y como quien no quiere la cosa —¿fue primero Unity, o la idea de Ubuntu en smartphones?— esa interfaz se convirtió en uno de los pilares de la verdadera ambición de Canonical, la de llevar Ubuntu no solo al PC de sobremesa o al portátil, sino también al smartphone, el tablet y la televisión.
Shuttleworth establecía Ubuntu 14.04 LTS como la primera versión de la distribución que sería realmente universal, pero antes de eso, en el Mobile World Congress de Barcelona de 2012,veríamos Ubuntu for Android.
Se vislumbraba dónde quería llegar este proyecto. En ese caso, Ubuntu y Android se ejecutaban al mismo tiempo, y al conectar el dispositivo con esa solución a un monitor, podríamos disfrutar de un sistema Ubuntu convencional. ¿Sabéis con qué smartphone demostraron la capacidad de este desarrollo?
Exacto. Con un Motorola Altrix.

Ubuntu Edge, otro adelantado a su tiempo

Ubuntu for Android fue uno de los desarrollos más clarividentes en este sentido, pero, de nuevo,Canonical transformaría esa idea inicial en su proyecto global, que en realidad no tiene aún un nombre definido y que parece que simplemente seguirá conociéndose como Ubuntu.
Ubuntu Edge
De hecho, a principios de año la apuesta parecía dividida en dos: Ubuntu for phones, que se anunció en enero de 2013, y Ubuntu on tablets, que lo haría semanas después, en febrero. En realidad ambas plataformas eran patas de una misma mesa: la de esa versión universal de Ubuntu que podría haber llegado a ser una realidad con otro proyecto singular: Ubuntu Edge.
Este revolucionario smartphone no verá no obstante la luz del sol. La campaña de financiación que Canonical puso en marcha en julio de 2013 en Indiegogo no consiguió su ambicioso objetivo. De los 32 millones buscados para desarrollar y fabricar un primer lote de 40.000 unidades sólo se consiguieron 12,8 millones. Aquel dispositivo parecía el verdadero heredero de aquel Motorola Altrix original.
Shuttleworth se mostraba no obstante satisfecho con la campaña. Puede que no hubieran logrado el objetivo económico buscado, pero habían despertado el interés de la industria, los medios y los usuarios. Y habían dejado clara una idea. La convergencia no solo era posible. Era atractiva, lógica, coherente. Y añadiría algo más. Aplastante.

Microsoft, Windows RT y Windows 8 apuntan a la convergencia

Lo apuntaba no hace mucho en Xataka Móvil: puede que Windows RT no haya cuajado en el mercado, pero yo no lo enterraría tan pronto. La propuesta de Microsoft es valiente y mucho más ambiciosa de lo que parece, porque esa apuesta por ARM que hasta ahora no les ha salido demasiado bien podría ser un seguro de vida en el futuro. Más sobre esto un poquito más adelante.
Windows RT
Como Canonical, Microsoft dio un giro radical en su paradigma de la interfaz de escritorio. Con Windows 8 llegaría Metro Microsoft design language (o Modern UI, hay un buen lío tras su obligación de cambiar de nombre), un sistema que dejaba clara la apuesta de futuro de Microsoft. Lo táctil se imponía sobre lo no táctil.
La apuesta, como muchas apuestas radicales en sus inicios, no tuvo muy buena acogida. A (casi) nadie le gustan los cambios, y Windows 8 suponía un cambio demasiado grande en la interacción con un sistema operativo que es la base de cientos de millones de PCs y portátiles en todo el mundo. Pero ese cambio de nuevo tenía un objetivo.
La convergencia.
La interfaz Metro (permitidme la licencia de llamarlo como se conoció durante años) apareció en primer lugar en unos reproductores multimedia que Microsoft sacó al mercado en noviembre de 2006. Quizás los recordéis: eran los Zune.
Zune HD
En aquella época ni siquiera se manejaba el nombre Metro para aquella interfaz, pero la idea fue calando poco a poco en Microsoft. El tristemente olvidado Microsoft Media Center —curioso como una empresa con esa apuesta por el entretenimiento ha dejado de lado este desarrollo— hacía gala de algunas de las ideas de aquella interfaz. Protagonismo absoluto de las tipografías, navegación sencilla, simplicidad.
La idea se trasladaría también al software de Zune para el PC, pero sobre todo cobraría relevancia en la Xbox 360, que pasaría de su dashboard tradicional (con la interfaz llamada Blade) a la llamada New Xbox Experience que se iría refinando para ser cada vez más y más similar a ese concepto que más tarde encontraríamos en todo el catálogo de Microsoft.
Windows Phone 7
Pero ese catálogo tenía que crecer y adaptarse. Y la primera —y probablemente verdadera— revolución llegaría con Windows Phone 7. Por fin Microsoft daba un paso de gigante tras tener olvidada —de nuevo, inexplicablemente— a su plataforma móvil. No era un sistema perfecto, desde luego, pero su interfaz era un verdadero soplo de aire fresco en un mercado demasiado contaminado de la influencia de Apple. El diseño plano parecía adelantarse a su tiempo —curiosamente, ha sido Apple la que lo ha acabado adoptando en mayor o menor forma en iOS 7— y todos los elementos de esa interfaz salpicaban simplicidad.
Windows Phone 8 mejoraría muchos apartados de aquella primera edición renovada (multitarea real, kernel Windows NT, soporte NFC), pero no tocaría demasiado el aspecto visual, si acaso algo más potente con temas como la posibilidad de redimensionar las baldosas del escritorio o de dar soporte a más tamaños de pantalla y más resoluciones. Esto mejorará aún más con la llegada de la actualización GDR 3 y el soporte, al fin, de resoluciones 1080p, pero eso es harina de otro costal.
Pero ahí no se quedaría la cosa. Ni mucho menos. Microsoft comenzó a vender Windows 8 en octubre de 2012, y aquel desarrollo provocaría un verdadero maremágnum de críticas (las más) y alabanzas (las menos). Microsoft fue lo suficientemente inteligente como para seguir manteniendo —un poco de tapadillo— el escritorio clásico, que en Windows 8.1 —afortunadamente para muchos— le daba aún más importancia a ese modelo tradicional del manejo del PC y el portátil.
Windows 8 táctil
Porque no nos engañemos. Windows 8 no es un sistema operativo pensado para el PC y el portátil. Es un sistema operativo pensado como ese primer paso hacia la convergencia. Una convergencia que Microsoft parece haber sabido entender y que quiere realizar de una manera más gradual.
Primero, conquistando los tablets. Lo está intentando tanto con Microsoft Surface Pro como con Surface RT, y de momento su aventura no está siendo demasiado fructífera. Los tablets con Windows 8 no han tenido una buena acogida —el software tradicional de Windows nunca se concibió para un dispositivo táctil— y los tablets con Windows RT tampoco han cuajado —el catálogo software es demasiado discreto—.
Y sin embargo, esa apuesta va cobrando más y más sentido a medida que pasa el tiempo, al menos para el que suscribe este artículo. Los ultrabooks híbridos son otro elemento interesante de esa transición, pero hay un paso final, mucho más complejo. Que Windows 8 llegue a nuestros teléfonos.O que lo haga Windows RT. ¿Lo mismo da?

ARM se postula como heredera de Intel

Y aquí es donde entra en juego la otra gran pata de esta revolución tecnológica. El hardware. Las arquitecturas x86 y x86-64 han servido bien a nuestros propósitos durante décadas. Sus prestaciones eran perfectas para un mundo de escritorio, pero ese mundo ha cambiado y se está dirigiendo de forma inexorable e inmisericorde al segmento de la movilidad.
Snapdragon
Y a pesar de los esfuerzos de Intel —no tanto de AMD—, la protagonista absoluta en el terreno de la movilidad no es otra que ARM. Una empresa británica que, recordemos, no fabrica ni un solo chip. Sus ingenieros se dedican únicamente al diseño y desarrollo de esos chips y de sus prestaciones y capacidades, pero nunca de su producción.
Para eso están muchas otras, entre las que actualmente hay una clara destacada: Qualcomm. La empresa de San Diego ha sabido aprovechar el explosivo mercado móvil y se ha convertido en “el Intel de la movilidad“. Su cuota de mercado es enorme —aunque MediaTek está ganando enteros, algo bueno para todos—, y sus procesadores marcan la diferencia.
El último ejemplo lo tenemos en el Snapdragon 800, un SoC prodigioso en prestaciones que no tiene demasiado que envidiar a procesadores de gama media de PCs de sobremesa y portátiles. El soporte de reproducción 4K, la potencia de la GPU Adreno 330 y la gestión independiente del voltaje y frecuencia de reloj de sus cuatro núcleos eran una utopía hace un par de años, pero ahora esos micros dotarán a los smartphones y tablets que los integren de una capacidad sensacional .
Y la pregunta, por supuesto, es si no será arquitectura suficiente para los usuarios tradicionales de informática. Para quien los ha visto en acción, desde luego, lo es. Los Snapdragon 800 pueden enfrentarse a todas las tareas “convencionales” que realizamos en un PC o portátil hoy en día, e incluso a algunas no tan convencionales, como esa citada reproducción de contenidos 4K.
Y es precisamente esa potencia lo que hace pensar con aún más garantías en la convergencia. Con un procesador como el Snapdragon 800 y una versión pulida de Windows RT para smartphones, tendríamos ante nuestras manos el dispositivo del futuro. Un teléfono que sería, por fin y de verdad, todo un ordenador.
Surface RT
Por supuesto, en esa propuesta Microsoft tendría que solucionar la gran limitación actual de Windows RT: su catálogo software. El paso de aplicaciones de x86/x86-64 a ARM no parece trivial, pero la renovada obsesión de Microsoft por controlar el catálogo a través de su Windows Store recuerda a Apple, su App Store, y Gatekeeper. La solución parece clara: dejar a los desarrolladores trabajar, y no cerrar las puertas a otras formas de distribuir software.
Por supuesto, Windows Store ofrecería las garantías de una tienda “oficial” como la App Store o Google Play en móviles: presencia nula o muy escasa de aplicaciones malware, y, si lo hacen bien,cierta garantía de calidad en las aplicaciones disponibles, con filtros previos para aceptar las que superen unos mínimos razonables.
El otro factor relevante, en mi opinión, es la importancia que sigue y seguirá teniendo el escritorio clásico. Aquí la idea seguiría al modelo de Ubuntu, que se adapta al formato de pantalla: en un smartphone la experiencia táctil tiene sentido. En un sobremesa, e incluso en un portátil, no (aunque puede resultar una opción interesante). Poder seguir eligiendo el escritorio clásico en ese teórico comportamiento del smartphone como PC es para muchos crítico. Windows RT sigue ofreciendo ese entorno clásico, pero por el momento solo las aplicaciones del sistema operativo (explorador de ficheros, Internet Explorer, programas de Office RT) lo pueden aprovechar. Veremos si en Redmond abren la puerta a ampliar ese importante comportamiento de RT en modo tradicional.

¿Apple pasa de la convergencia?

Las tendencias no parecen (atentos a las negritas) ir con Apple. Al menos, no las que ésta ellos no puedan crear. La empresa de Cupertino ha hecho algunos guiños a la convergencia en los últimos años, pero su apuesta por mantener dos propuestas bien diferenciadas parece (de nuevo, atentos a las negritas) clara.
MacBook Air con ARM
Por un lado tenemos, por supuesto, OS X. Cuidado, porque hace más de un año que Apple eliminó la palabra Mac del nombre tradicional del sistema operativo. OS X ya no es Mac OS X… y eso “mosquea”, sobre todo teniendo en cuenta que este sistema operativo está únicamente disponible para sus iMac, sus Mac Pro y sus MacBook.
Sea como fuere, lo cierto es que el sistema operativo para equipos de sobremesa (no llamarles PCs, no llamarles PCs) y portátiles de Apple ha evolucionado de forma interesante en las últimas iteraciones. En ellas la integración de características de iOS (o “iosificación“, como algunos la llaman) ha sido evidente, pero no dramática.
Ejemplos claros son LaunchPad, la Mac App Store, las aplicaciones a pantalla completa o el cada vez mayor soporte de gestos táctiles. El Centro de Notificaciones, la inclusión de Maps o iBooks —estas últimas novedades de en OS X Mavericks— demuestran esa disposición de Apple a llevar lo más interesante de iOS a OS X.
iOS 7
Pero iOS tiene entidad propia. Vaya si la tiene. El sistema operativo nació con el iPhone original, pero entonces ni siquiera se le conocía con ese nombre —de hecho, nos referíamos a él como iPhone OS—. Esta plataforma móvil se convirtió en el ejemplo a seguir en casi todo. Y sobre todo, en suconcepción del mercado de las aplicaciones móviles, que ha sido la verdadera gallina de los huevos de oro para Apple y, en menor medida, para la mayoría de los desarrolladores que han aportado sus desarrollos a este segmento.
Esta plataforma móvil se ha convertido en un gigante de la industria. El éxito arrollador de ventas primero de los iPhone y luego de los iPad ha servido para convertir este ecosistema en un referente en todos los ámbitos, y ese férreo control que Apple impone en sus plataformas cerradas vuelve a mostrar sus beneficios —poca fragmentación, pocos conflictos, poco malware (aunque esto tiene otros motivos)—. El catálogo software de iOS es absolutamente brutal tanto en cantidad como en calidad, incluso si hablamos de tablets, un terreno que se ha mimado muy mucho en Cupertino. Y eso pesa.
Por tanto, todo parece apuntar a una Apple bicéfala, en la que tanto OS X como iOS tienen pesos más o menos equivalentes. A priori no parece factible que la situación vaya a cambiar: Apple ya realizó una inversión notable de tiempo, recursos y dinero cuando dio el salto a procesadores de Intel con Mac OS X, y la plataforma iOS no parece destinada a poder correr en nada que no sea la arquitecturaARM.
Y sin embargo, surgen dudas. Y son dudas importantes.
Esas dudas se fundamentan en dos argumentos. El primero, que iOS es —como dijo Jobs en la presentación de los primeros iPhone— una especie de versión recortada (muy recortada) de OS X. El kernel de iOS está basado en Darwin OS, el pilar del sistema operativo para portátiles y sobremesas de Apple. Eso ya por sí solo da que pensar, puesto que ambas plataforman comparten una misma base, aunque a su alrededor el resto de componentes sean fundamentalmente distintos (por ejemplo, la gestión de la multitarea,
El segundo argumento es aún más inquietante. En enero de 2010 Tristan Schaap, un ingeniero que estudiaba en la Universidad de Delft en Holanda demostró algo sorprendente. Este estudiante —que desde octubre de aquel año trabaja en Apple, en el departamento donde precisamente desarrolló aquel proyecto como becario— logró trasladar el kernel de OS X, Darwin, a iOS. Y hacerlo en apenas 12 semanas.
En realidad el logro no parece tan relevante teniendo en cuenta que como hemos dicho iOS es una especie de versión “lite” de OS X, pero vuelve a hacer reflexionar. Su proyecto de fin de carrera —disponible aquí— explicaba “cómo trasladar Darwin al MV88F6281. El MV88F6281 es un procesador compatible con ARMv5 […] El objetivo del proyecto era compilar Darwin y arrancarlo en un entorno multiusuario“. Algunos medios, no obstante, descartan esa posibilidad y desvían la mirada a otra opción, el uso de NetBSD.
Apple-Intel
Apple ya lo hizo en el pasado: cuando se anunció el paso de Mac OS X a arquitecturas x86, Steve Jobs confesó que llevaban trabajando 5 años en esa versión paralela a la que disfrutaban los usuarios en sus procesadores PowerPC. La empresa de Cupertino muy bien podría estar haciendo ahora lo mismo, pero con una versión de OS X que funcionara en arquitecturas ARM de forma completa.
Los rumores sobre un teórico MacBook Air con procesador ARM no son nuevos: ya se barajaron en 2011 —en aquella época, con un A5—, y cobrarían nuevo sentido ahora que la arquitectura ARMha ganado en prestaciones y que Apple ha ganado en experiencia en este campo.
La transición a soluciones ARM no es por lo tanto en absoluto descartable. Nuestros compañeros de Applesfera ya lo adelantaban en abril de 2011 cuando hablaban de este tema, y ahora ese argumento de la convergencia cobra aún más fuerza. También hacían un repaso en Ars Technica hace ya tiempo en este sentido a nivel de desarrolladores, y los citados en aquel estudio dejaban claro que“fusionar” ambos sistemas operativos no era complicado.
Esa nueva era tendría sentido, pero probablemente la transición tendría que abogar por un modelo de arranque dual similar al que planteaba Canonical con Ubuntu Edge. Este dispositivo podría arrancar tanto con Ubuntu como con Android, combinando ambas alternativas para que el usuario pudiese aprovechar lo mejor de ambos mundos en cada escenario (Android en modo smartphone, Ubuntu en modo PC, pero no necesariamente siempre). Y lo mismo debería ocurrir con esos futuros dispositivos convergentes, que estarían dotados de iOS y de OS X: en modo smartphone, iOS sería el sistema de preferencia, pero al conectarlos al PC, entraría en acción esa versión de OS X para ARM.
Así pensaba también John Tudor, un programador en Perl que fue parte del equipo de marketing de Apple. Tudor dejó claro hace tiempo que aunque esa posibilidad no parecía factible a corto plazo —ambas divisiones van viento en popa— sería mucho más interesante desarrollar tecnologías quepermitieran a ambos sistemas operativos funcionar en el mismo dispositivo hardware en un modelo de arranque dual.
Así pues, el camino hacia la convergencia en Apple también parece preparado, al menos sobre el papel. Contar con un iPhone con iOS y OS X, o con un MacBook Air con un proceador ARM y esa versión específica de OS X, no parece ya tan descabellado. Probablemente cierto tipo de usuarios de Apple se verían perjudicados —aquellos que hacen uso de aplicaciones intensivas, tipo Mac Pro— pero Apple tendría en sus manos una solución muy, muy atractiva.

Google juega al despiste. O no.

Por supuesto, falta hablar de la otra gran protagonista en el terreno de la movilidad. Google se ha convertido en la gran protagonista del mercado con una cuota global que ronda el 80% gracias a Android. Este sistema operativo libre con una fuerte base Open Source es la opción principal de la mayoría de los fabricantes, usuarios y desarrolladores. Y curiosamente es la que aparentemente más alejada de la convergencia está.
Android
Eso afirman en Google, y lo certifica Sundar Pichai, máximo responsable tanto de Android como de Chrome OS (y de Chrome). Este ingeniero ha ido escalando puestos en el escalafón de Google y se hizo cargo de la división Android tras la marcha de Andy Rubin hace pocos meses. La toma de ambas responsabilidades podría apuntar a una posible fusión de Android y de Chrome OS, pero Pichai lo dejó claro recientemente:
Ambos, Android y Chrome, son grandes plataformas abiertas que crecen muy rápido. Creo que desarrollarán un gran papel, no existirán meramente. Veo esto como parte de una interesante innovación y capacidad de elección tanto para usuarios como para desarrolladores.
Las declaraciones son en cierto modo sorprendentes. Chrome OS, por mucho que se esfuerce Google, no cuaja. Y en los últimos tiempos sabemos qué pasa en Google con los proyectos que no cuajan. Larry Page y sus chicos se los cargan sin que les tiemble el pulso. Pasó con Reader, un servicio enormemente popular, así que no parece que abandonar Chrome OS costara mucho.
Ya hacíamos este análisis en Xataka Android hace meses, y en esa reflexión también destacábamos las palabras de Matías Duarte, responsable de la división de diseño de Google y con un peso específico enorme en la compañía. Duarte sí apuntaba en uno de sus comentarios a esa posibilidad:
El impulso que tiene Android nos está permitiendo tomar un sistema operativo e irlo uniéndolo todo a él. Deberíamos tener un sistema operativo que proporcione los ciminentos del futuro de la humanidad digital. Realmente creo en ello. De hecho, creo que es inevitable, porque obtienes mucho más poder cuando todo puede comunicarse con todo e interoperar. Creo apasionadamente que si vamos a tener ese sistema operativo único, será un sistema operativo que todos pueden usar, modificar, estudiar, pero del que nadie será dueño.
Eso es lo que según Duarte le impulsó a fichar por Google: la posibilidad de poder trabajar en “un sistema operativo para la humanidad“. Esas palabras parecen contradecir las de Pichai, aunque aquí las interpretaciones pueden variar.
Chromebook Pixel
Y sin embargo, Android se podría convertir en un sistema operativo de propósito general sin aparentes problemas. Los únicos reales —que existen— están sin duda en aplicaciones algo más exigentes y en el hecho de que, por el momento, Android no da muestras de querer salir de la experiencia táctil.
La implementación de Android para x86 permite comprobar esas prestaciones —con limitaciones, claro está—, pero también demuestra esa poca orientación al teclado, al ratón o a un entorno multiventana que los usuarios aprovechan tradicionalmente en otras plataformas. A pesar de que Intel no ve demasiado sentido a la combinación de Windows 8 con Android en los equipos duales, es significativo que algunos fabricantes hayan apostado por esa curiosa mezcla, y podría ser también una seña de esa ambición de Android por conquistar el PC de sobremesa y el portátil.

Conclusiones

No sé vosotros, pero yo veo ese futuro con una claridad meridiana. Lo comentaba “en mi otro blog” hace tiempo, y año y medio después no puedo más que confirmar esa sensación. De hecho, cambiaría un poco aquel titular, eliminando el uso de un condicional. Tu próximo PC será tu smartphone.
Dock
Todos los indicos así lo indican. La apuesta de Canonical es la que más abiertamente lo ha comunicado, pero todas y cada una de las grandes propuestas del mercado —a excepción quizás de Google, aunque con ellos nunca se sabe— parecen estar trabajando en esa convergencia.
Así pues, preparaos, porque en uno, dos, o yo diría que como máximo tres años estaréis usando vuestro smartphone de una forma algo distinta. Desde luego, lo utilizaréis como hasta ahora, para hacer y realizar llamadas, para manteneros en contacto con vuestros familiares y amigos, y para seguir, sobre todo, estando conectados.
Pero esa experiencia con el smartphone no se quedará ahí. Llegaréis a casa, o al trabajo, yconectaréis ese dispositivo en un dock, o quizás simplemente en un cable HDMI. Activaréis la conexión Bluetooth, y encenderéis el monitor de 24 pulgadas frente a vosotros.
Y será entonces cuando sigáis trabajando en vuestro PC (ya sea con OS X, Windows RT, Ubuntu o Android, o lo que esté por venir) prácticamente sin daros cuenta de que hace uno, dos o tres años ambas cosas estaban separadas. Y puede que esbocéis una sonrisa de melancolía al recordar los ¿buenos? y viejos tiempos.

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