WikiLeaks va por el sector empresarial para enero de 2011


Julian Assange, fundador y director de WikiLeaks, ha revelado en una entrevista para Forbes que el próximo blanco de las filtraciones será un gran banco de Estados Unidos. El mundo aún no termina de digerir los 250 mil cables diplomáticos que liberaron este domingo, y Assange ya está adelantando lo que viene para 2011. Este nuevo paquete no será tan grande como el de Irak, pero sí contendrá decenas (o hasta centenas) de miles de documentos.

Assange no ha querido agregar más, ni sobre la identidad del banco señalado, ni acerca de las prácticas que denunciará. Lo que sí adelanta es que esta nueva filtración “dará una visión verdadera y representativa de cómo los bancos se comportan a nivel ejecutivo”. El australiano lo denomina un “ecosistema de corrupción”, en el cual se observan las decisiones habituales al interior de este tipo de entidades financieras.

Además de este banco, Assange añadió que cuenta con mucha información confidencial sobre empresas de otros sectores, es especial de las petroleras y las farmacéuticas. Entre los nombres que han salido a relucir destacan el de BP, compañía responsable del derrame de petróleo en el Golfo de México en abril de este año. El fundador de WikiLeaks compara esta nueva entrega con la revelación de los correos electrónicos durante el histórico caso de fraude de la energética Enron.


Parece que ni la iniciativa privada podrá escaparse de las filtraciones de WikiLeaks. Julian Assange ha sido temerario al anunciar este nuevo paquete, puesto que la mera sugerencia de nombres es capaz de desatar la especulación dentro de las bolsas de valores, con resultados desconocidos para los mercados internacionales. Si la revelación de los cables diplomáticos obliga a repensar muchas situaciones de la política exterior, una filtración empresarial masiva puede tener efectos desestabilizadores en la economía global.

No me cansaré de repetirlo: la denuncia de WikiLeaks es plausible (e incluso deseable), pero estos desplantes de poder basados en el volumen y no en la precisión me parecen más una actitud de provocación. Entiendo que hay que decirle a los gobiernos (y ahora, a las empresas) que no pueden actuar impunemente, pero esta idea de castigo ejemplar me suena demasiado polarizada. Sólo espero equivocarme, y que estos secretos al aire no terminen por regalarnos un efecto WikiLeaks en los albores de 2011.

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